¿Cuál es la relación entre el estrés y la obesidad?

¿Se puede aumentar de peso por estrés? La respuesta es: sí. El estrés crónico puede ocasionar alteraciones en el organismo que estimulen el apetito y favorezcan el aumento del tejido adiposo. ¿Cómo? A través de los cambios que induce en el equilibrio de los neurotransmisores y las hormonas. ¿Pero a qué nos referimos cuando hablamos de neurotransmisores y hormonas? Comencemos por los neurotransmisores. En primer lugar debemos saber qué son: Los neurotransmisores son sustancias que transportan la información de una neurona a otra, son el mecanismo de comunicación interno del sistema nervioso, y ejercen el control de las funciones indispensables para la vida tales como la regulación de la tensión arterial, la frecuencia cardíaca, los movimientos peristálticos, la regulación del ciclo sueño-vigilia, la memoria, e incluso las emociones. Además constituyen uno de los mecanismos fundamentales por los cuales el estrés influye directamente en los problemas de sobrepeso.

Los grupos de neurotransmisores

En términos generales hay dos grandes grupos de neurotransmisores: los excitatorios y los inhibitorios. Los excitatorios (noradrenalina, adrenalina, glutamato, etc.), nos estimulan, mantienen alta nuestra energía, nuestra concentración y nos alertan, pero si se encuentran en exceso entramos en situaciones de estrés, angustia y pánico.

Los neurotransmisores inhibitorios (serotonina, GABA, etc.), nos causan bienestar, elevan nuestra autoestima, nos ayudan a relajarnos y contribuyen al sueño. Los medicamentos reguladores de las alteraciones de los estados emocionales (por ejemplo la depresión), así como algunos de los tratamientos usados para adelgazar están basados en la modificación de las concentraciones de varias de estas moléculas. Ya hemos mencionado el papel de la serotonina en la reducción del apetito, por ejemplo. Para complicar más la situación, los neurotransmisores no son excitatorios o inhibitorios en forma absoluta, sino que causan uno u otro efecto dependiendo de la zona cerebral donde actúan, aunque sí tienen efectos predominantes en uno u otro sentido.

Uno de los problemas a la hora de equilibrar estas sustancias es que sus receptores, al igual que ocurre con los de la insulina se saturan y se hacen resistentes, de manera que si tratamos de estimularlos en forma excesiva podemos obtener el resultado opuesto al deseado. Este balance es tan delicado que puede ser modificado por factores genéticos, la dieta, cambios hormonales, el estrés, etc.

La formación de los neurotransmisores requiere de materia prima proveniente de la dieta, como aminoácidos, Omega 3, vitaminas del complejo B, y minerales, como el zinc. La escasez del aporte de estos componentes puede resultar en la reducción de la concentración de los neurotransmisores que requieran de ellos. Por otro lado, no solo la dieta y el estrés influyen sobre el balance de los neurotransmisores, sino que también tenemos otros factores, como las horas de luz, el sueño, y la actividad física. Un ejemplo de ello es el ciclo vigilia-sueño.

La importancia de la serotonina en el sueño

La serotonina está estrechamente relacionada con el control del ciclo vigilia-sueño. ¿Cómo? A través de la melatonina. La melatonina es una sustancia producida por la glándula pineal, que es una estructura situada en la base del cerebro cuya función principal es la formación y liberación de esta hormona. La melatonina se obtiene por la transformación directa de la serotonina en ausencia de luz. Es decir, tenemos la serotonina, un neurotransmisor con múltiples funciones que actúa a nivel cerebral inhibiendo la agresividad y la excitación, y contribuyendo, junto con otros neurotransmisores a llevar al sujeto a un estado de bienestar y relajación.

Cuando desciende la intensidad de la luz, esta serotonina comienza a ser convertida a nivel de la glándula pineal en melatonina, cuyos niveles se mantienen elevados durante la noche y alcanzan su punto máximo en la madrugada, momento en el que inician su descenso, hasta que se alcanza de nuevo el estado de vigilia. Por supuesto, como supondrá el proceso es bastante más complejo, e involucra otros neurotransmisores como la acetilcolina y la noradrenalina, sin embargo, la relación serotonina-melatonina juega un papel fundamental en el ritmo circadiano de este ciclo.